lunes, 23 de julio de 2012

SENSACIONES Y RITMO EN COMPETICIÓN




Normalmente, pulsaciones, sensaciones y ritmo de carrera, sufren variaciones que son generadas, tanto por nosotros mismos (expectativas, motivaciones, ansiedad o circunstancias de carrera), como por la fatiga acumulada. Por lo tanto, una vez inmersos en la prueba, vamos a comentar:



Fase I: desestabilización del ritmo provocada por la salida (por exceso)

Abarcaría, desde el momento de la salida, hasta los primeros minutos de la misma (10-15 min), o bien los 2-3km de la prueba. Normalmente, en el caso de competir con pulsómetro, nos vamos a pasar (por exceso y bastante) del rango de pulsaciones medias a las que teníamos pensado competir. Si corremos por sensaciones, sabremos rápidamente que éstas no las podremos sostener hasta el final de carrera.

Piensa, que en esta etapa inicial la percepción subjetiva de esfuerzo, suele ser un poco engañosa, ya que lo más probable, es que el corredor se deje llevar por sentirse poderoso (sus "baterías" energéticas y de motivacionales, están bien llenas).

Esta situación, suele ser normal y tenemos que valorar como tal, ya que la salida de una carrera por montaña es por norma , más rápida que el ritmo medio al que se pretende competir (sea cual sea la distancia, 20,30, 40 o más kilómetros), aunque de nosotros depende minimizar esta "cabalgata" inicial.



Fase II: Estabilización de ritmo de carrera

Después el estrés de la salida, lo normal es que transcurridos 5-6km de carrera, haya una desaceleración del ritmo de carrera. En esta etapa, lo normal es que el corredor ya haya conseguido hacer "suyo" el ritmo que más le conviene. En ella, el competidor percibe el esfuerzo de forma bastante objetiva, llevando al equilibrio todo su potencial.

Quizá lo más razonable sería que cada participante que quiera realizar una buena carrera, intentara (en cuento antes) consiguió llegar a esta fase (ritmo medio de carrera al que tenía pensado competir), en la que el ritmo del atleta, es normalmente sostenible y realista.

Esta circunstancia, no es para nada fácil, ya que el solo hecho de competir, hace que muchos participantes se dejen llevar por el ritmo de carrera de los otros. Esta es una de las complejidades de las carreras de montaña ya que es ley de vida que todo el mundo se aproveche de los demás para dar lo mejor de sí, pero en muchas ocasiones el participante se suele equivocarse a la hora de hacer ostentación de unos recursos que en la mayoría de los casos, no serán sostenibles en el tiempo.

En esta fase, los competidores que corren con la ayuda del pulsómetro, habrán conseguido ponerse a "raya", ya que como decíamos, son suficientes pocos kilómetros por darnos cuenta, que no podríamos aguantar las pulsaciones a que corríamos en la fase I.

Dependiendo de las posibilidades de cada participante, no se descarta que, a medida que va transcurriendo la prueba, puedan darse circunstancias de las que el corredor es consciente, por ejemplo, en los cambios de ritmo generados por la situación de carrera. Estos, se suelen dar más, en posiciones delanteras y podrían modificar la estabilidad de esta fase. Lo más razonable, sería pensar, que cuanto más larga y dura sea la prueba, menos se debería entrar en el "juego" de los cambios de ritmo.



Fase III: desestabilización de ritmo provocada por fatiga (por defecto)

En esta etapa, el corredor ya está "quemando" sus últimos recursos, tanto fisiológicos como mentales, y se suele producir un "bajada" en el ritmo medio de carrera. Esta reducción del ritmo, es provocada normalmente, por la fatiga muscular acumulada, el déficit metabólico y la pérdida desmesurada de líquido (algún grado de deshidratación, sobre todo en situaciones de calor). Además, todos los fenómenos anteriores, generarán que el cuerpo del atleta, deje de tener energía para pensar con claridad, y distorsione un poco en sus movimientos psicomotrices.

Por su parte, el pulso tenderá a subir (totalmente discordante con la disminución del ritmo), debido a que el corazón, deberá bombear más sangre a todo el cuerpo para compensar el desgaste generalizado a que la hemos sometido.

En la mayoría de las ocasiones la disminución del ritmo de carrera en esta última fase, solo ser directamente proporcional al grado de aceleración que hemos impreso en la primera fase que anteriormente hemos comentado. Es decir, si hemos "pecado" tanto en el ritmo de salida como a la hora de intentar mantener este en el tiempo, es muy probable que la desaceleración del ritmo medio de carrera en la última fase de la prueba, sea más notable.

Y es que el cuerpo, es sabio, y al final, en la mayoría de los casos, siempre suele compensar, buscando constantemente el equilibrio: "si antes te has pasado y has ido derrochando tu energía, ahora habrá que mantener el tipo sufriendo! "


Fuente: CorredordeMontaña

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