miércoles, 10 de octubre de 2012

Ejercicio físico y el sistema inmunológico



 


El ejercicio físico, y sobre todo los deportes de alto nivel, causan una alteración de la homeostasis en el cuerpo humano. Un número de parámetros se adapta a una situación, que desde el punto de vista genético implica una huida o una defensa.
El ejercicio físico (los deportes) es un comportamiento compensatorio sociocultural, que sin embargo hace miles de años, tuvo un significado muy diferente. Entonces se trataba de la búsqueda de alimentos o de la autodefensa contra un enemigo real, y ahora se trata de ganar medallas u ocupar un puesto en un ‘ranking'.
Nuestro cuerpo no puede distinguir entre ambas situaciones, de manera que los mecanismos a describir tienen todavía el mismo significado genético que cuando los simios se estaban convirtiendo poco a poco en seres humanos.
Los cambios causados por el deporte (alteración de la homeostasis por el ejercicio físico) se producen a casi todos los niveles y afectan a casi todos los órganos y sistemas de órganos del ser humano, sobre todo:
  • El sistema cardiovascular
  • Los músculos del esqueleto, tejido conjuntivo (tendones, ligamentos, cápsulas) y los huesos
  • Los pulmones y el transporte del oxígeno
  • El sistema inmunológico
  • El sistema digestivo
  • La regulación endocrinológica
  • El sistema nervioso y los mecanismos de control del sistema nervioso central
  • El sistema de secreción, sobre todo los riñones y la piel.

La fisiología deportiva y la medicina deportiva se han centrado durante decenas de años sólo en las alteraciones por la práctica de deportes del sistema cardiovascular, los músculos y los parámetros de la ventilación, porque sólo a nivel macroscópico se podían objetivar las alteraciones (por ejemplo el aumento en volumen de un músculo mediante el entrenamiento de potencia, el aumento del volumen por latido del corazón gracias al entrenamiento de resistencia y el aumento del VO2-max, también en deportistas que practican deportes de resistencia).
En los últimos años, nuevas técnicas también han hecho posible la medición objetiva en cuanto a, por ejemplo, el sistema nervioso (cambios en la producción de transmisores y en el potencial de las membrana), el sistema endocrinológico (alteraciones en la relación proporcional entre, por ejemplo, las hormonas ergotropas y las trofotropas como la insulina y el glucagón) y el sistema inmunitario (medición de determinadas inmunoglobulinas o citoquinas con ayuda de anticuerpos monoclonales o la objetividad de las alteraciones de linfocitos producidos con ayuda de una citometría de flujo).
El cuadro construido por la fisiología y medicina deportiva dista todavía mucho de ser completo. Muchos resultados de los estudios son difíciles de interpretar, porque ni siquiera está claro si la ciencia ya es capaz de investigar el cuadro en su totalidad: mucho de lo que sabemos ahora sólo son aspectos parciales de la totalidad de los cambios y las adaptaciones. Con toda seguridad no conocemos todavía todas las interleucinas y sabemos muy poco de las funciones de determinados subgrupos de glóbulos blancos. Pero ya se pueden sacar, con mucha cautela, las primeras conclusiones.
Dentro del marco de este módulo nos centraremos en el estado actual de la ciencia que se ocupa de la interacción entre deporte y el sistema inmunológico. Para ello, haremos lo siguiente:
1. Hacer unos comentarios de introducción al estudio del entrenamiento
2. Revelar unos cuantos aspectos específicos de la inmunología
3. Indicar e interpretar (en la medida de lo posible) las alteraciones de dichos aspectos debido al ejercicio físico (deporte a alto nivel)
4. investigar en qué medida los factores, sobre los que el deportista tiene control (por ejemplo la alimentación, la suplementación y la regeneración), puedan prevenir las consecuencias negativas, sobre todo del deporte a alto nivel (por ejemplo el aumento del agotamiento o la mayor incidencia de cáncer en edades más avanzadas).

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