viernes, 10 de mayo de 2013

Aprender con la derrota





Si bien una fractura o un esguince son lesiones físicas apreciables, la afección psicológica pasa a menudo desapercibida y causa una gran angustia. Ian Maynard, psicólogo del Deporte de la Universidad de Sheffield Hallam (Reino Unido), asegura que los jugadores no están acostumbrados a manifestar sus emociones, ya que consideran que ello podría generarles problemas durante la competición y, por este motivo, tienden a ser cerrados y muestran una imagen dura. 

En general, están sometidos a grandes niveles de estrés porque las expectativas que se tiene de ellos superan, con frecuencia, sus capacidades psicológicas. Ellos mismos se plantean metas que, si no las cumplen, provocan un estado de depresión que pocas veces expresan para no mostrar debilidad. Otra de las razones puede ser la soledad derivada de los compromisos deportivos, que les mantiene alejados de sus familias durante largos períodos de tiempo. 

La frustración es un estado emocional que puede influir de manera negativa en el deportista, sobre todo, porque también puede provocar un gran estado de estrés. Se desarrolla en algunas personas cuando no se cumple su voluntad, es decir, cuando no pueden alcanzar deseos u objetivos que tenían. Ante el desengaño, la persona no tiene claro si es un obstáculo en su camino o una pérdida irreparable. "Por este motivo, suele manifestarse con rasgos mezclados de emociones más básicas, como son la ira (enfado ante un obstáculo) y la tristeza (decepción por la pérdida)". 

La frustración en el deporte es un estado habitual. El hecho de competir supone de forma implícita la posibilidad de ganar y perder. Pero para muchos, perder es sinónimo de fracaso, al no lograr el objetivo por el cual tanto se trabaja durante los entrenamientos. Cuando los deportistas son niños, esta emoción puede adquirir una importancia mucho mayor que en adultos, porque "los deseos están aún muy conectados con las necesidades básicas (alimentarse, dormir)", argumentan los especialistas. Incluso, se puede llegar a considerar una reacción normal: cumplir con los deseos aporta seguridad y estabilidad, un aspecto fundamental para el desarrollo emocional. 

No obstante, esta decepción debe formar parte del desarrollo de todo individuo. Lo esencial no es sobrellevarla, sino experimentarla cuando se desarrolle, como emoción que es, y a continuación, superarla. "Sobrellevar un fracaso es una señal de mal ajuste emocional y causa de malestar e insatisfacción en la persona". En los practicantes jóvenes, la incapacidad de superar contrariedades debido a un bajo nivel de tolerancia provoca malestar y poco disfrute de la experiencia deportiva. A largo plazo, es causa de abandono de la actividad. 

Ayudar al deportista infantil 
La clave para superar la frustración en la actividad deportiva está en el desarrollo de la inteligencia emocional desde la infancia, que les permita, a su vez, desarrollar aspectos que les ayudarán en muchos ámbitos de la vida. El deporte es un medio idóneo para integrar estos aprendizajes, que también pueden englobarse en el campo laboral, social e, incluso, personal. En personas con un buen nivel de inteligencia emocional, la desilusión puede superarse de forma rápida mediante un análisis de la situación y la decisión sobre cómo reorientar el objetivo no logrado. 

Es primordial que uno sea capaz de entender los errores como oportunidades de enseñanza. Una inteligencia emocional poco desarrollada, en cambio, no permite superar la emoción inicial de frustración y la persona acaba por desarrollar conductas agresivo-pasivas que no ayudan ni a mejorar ni a lograr más bienestar. Al contrario, provoca un círculo vicioso de difícil salida. Esta agresividad proviene del sentimiento de ira implícito en el desengaño. 

El papel de los padres y entrenadores es "transmitir a los niños y niñas que no siempre es posible cumplir los deseos y objetivos, y que ello no es un trauma, sino una situación normal de la que se puede aprender para mejorar y conseguir más satisfacción". El poco conocimiento de la gran importancia que tiene que los niños aprendan a desarrollar estrategias para afrontar estas emociones, evitan que experimenten ningún tipo de frustración e intentan atender a todos sus deseos o incluso, les esconden la realidad para que no sufran. En cambio, la responsabilidad de los padres debería estar en ayudar a sus hijos a desarrollar la tolerancia a la frustración. 

Quitarle Importancia a los resultados
Es tarea de los entrenadores deportivos ayudar a desarrollar una buena inteligencia emocional que les anime a progresar en la vertiente deportiva y a gozar del deporte en todas sus facetas. Las adversidades, desde errores a lesiones, forman parte de la actividad y, cuando ocurren, permiten analizar qué hay que hacer diferente para mejorar. "Es importante que el entrenador enseñe al deportista a trabajar en la mejora continua basada en el esfuerzo y los progresos, no en los resultados". Para ello, es fundamental que entre ambos acuerden objetivos de equipo e individuales. 

El entrenador es un modelo y la lectura que haga el deportista del mismo determinará parte de su conducta. "Las reacciones del entrenador ante las derrotas, las decisiones arbitrales e, incluso, los problemas personales, serán los que leerán y aprenderán los jugadores, más allá de sus palabras", explican los especialistas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada