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miércoles, 19 de diciembre de 2012
Como el estres influye en la aparición de lesiones.
Cualquier persona que practique deporte con regularidad sabe lo que es una lesión, y cualquier cicloturista lo que es una caída. Pero no a todos nos afecta por igual la llamada “mala suerte”, pues unos deportistas tienen más tendencia a lesionarse y a caerse que otros. Seguro que muchos de vosotros recordáis casos de algún que otro futbolista muy famoso que salía de una lesión para entrar en otra y se tiraba la temporada en blanco, para desesperación de los aficionados de su equipo. Pero también podemos recordar extensas vidas deportivas sin apenas una lesión. ¿Realmente es suerte? ¿Unos nacen con un organismo muy fuerte y otros con uno mucho más débil? ¿El destino elige a quién quiere hacer sufrir y a quién no? Es evidente que nuestra dotación genética tiene mucho que ver con la capacidad para tener una lesión y para recuperarse de ella, pero es sólo una parte. Nuestra mente, como en casi todo, también cuenta.
El estrés, ese padecimiento tan común en la vida moderna, también es el principal factor de riesgo de sufrir una lesión. Es fácil entender que un estado de tensión mantenida nos haga más vulnerables, y, además, que estando un poco nerviosos tengamos más probabilidad de irnos al suelo. Veamos las causas en detalle.
- El estrés lleva consigo consecuencias puramente fisiológicas y biológicas: los músculos están rígidos y es más fácil que sufran una rotura de fibras o una contractura. La coordinación motora se ve asimismo perjudicada, ya que nos movemos peor, con menos flexibilidad. Por otro lado, el despliegue de defensas que evoca ese estado de alerta constante debilita el sistema inmunitario.
- Provoca un enfoque selectivo de la atención, la llamada “visión de túnel”: el deportista que está muy tenso queda pendiente de unos pocos estímulos y deja de lado otros que pueden ser vitales para evitar la lesión. Por ejemplo, puedes estar tan preocupado por seguir la rueda de un grupo en una marcha que no te das cuenta de que fuerzas más de la cuenta y que tus rodillas o músculos pueden pagarlo después. Lo mismo ocurre si no se vigila por donde uno circula: ojo al bache.
- Cuando el estrés se mantiene, el organismo se agota y de nuevo tiene efectos en la atención. Estamos tan cansados que no atendemos a cómo vamos en la bicicleta: ya no sabemos ni cómo dar pedales y podemos sobrecargar una pierna más que otra, la espalda, cuello, etc. (y meternos en la gravilla y… al suelo).
- Un nivel de estrés muy elevado puede llevar a la agresividad: la respuesta de tensión es debida a la percepción de una amenaza, y al intentar luchar contra la misma nos podemos ver desbordados, descontrolados y exponiéndonos a las lesiones, y, por supuesto, a las caídas. Es el caso de la gente que se arriesga adelantando y cortando a los demás en el descenso de un puerto para recuperar el tiempo perdido en la subida.
- Si el estrés no viene producido por la propia práctica deportiva, sino que realizamos ésta como válvula de escape a problemas personales y/o laborales, es posible que nos “pasemos de rosca” forzando más de la cuenta, aumentando el riesgo de lesión por sobreesfuerzo.
PERSONALIDAD Y CIRCUNSTANCIAS
Las situaciones de estrés son inevitables, pero cada cual las enfrenta de forma diferente. Es en el llamado estilo de afrontamiento de cada persona donde observamos las diferencias a la hora de padecer lesiones o sufrir caídas. Quien es capaz de detectar y combatir ese estrés tendrá menos posibilidad de lesionarse o dar con sus huesos en el asfalto. Otro factor muy importante es el apoyo social. Diferentes estudios realizados al respecto de su influencia en la vulnerabilidad a las lesiones (p.ej. Smith et al., 1990) demuestran, no obstante, que sólo es positivo si coincide con habilidades de afrontamiento. Es decir, tienes menos probabilidad de lesionarte si le plantas cara al estrés y te sientes apoyado por tu entorno (amigos, compañeros, familia). En la alta competición, existen multitud de situaciones llamadas “potencialmente estresantes” que por sí mismas, independientemente de la personalidad de quien esté expuesto a ellas, suscitan nerviosismo. Los viajes, la disciplina, separarse de la familia, citas deportivas importantes… a todo ello se tiene que acostumbrar cualquier deportista de élite si quiere sobrevivir en este mundillo. Pero este tipo de situaciones no sólo se dan entre profesionales; en el deporte entendido como ocio también se dan, por ejemplo:
- Si sientes que estás sacrificando el tiempo que normalmente dedicas a tu familia y/o amigos. A mucha gente le puede suponer una pérdida de recompensa el no poder compartir esas horas con gente cercana, y un castigo: sentirse culpable por dejarlos de lado.
- Si para poder practicar deporte tienes que hacer “malabarismos” en tu horario laboral, el estrés te está acechando: ir al gimnasio en la hora de la comida, cenar cualquier cosa y hacer rodillo en lugar de sentarte a la mesa, sacrificar horas de sueño los fines de semana para levantarte pronto e ir a dar pedales...
- Si eres de los que “se pica” y en cada salida del club estás pendiente de los “gallitos” para “darles caña”.
- Si te estás preparando para algún reto: marcha, ciclomaratón, etc. y tienes que entrenar mucho y muy a conciencia para conseguirlo. Cuando quizá no dispongas del tiempo suficiente o te surja algún imprevisto que te impida cumplir tu plan previsto.
- Si pasas por algún lugar donde te has caído una vez, o notas un pequeño dolor en la zona que ya sufrió una lesión de la que te costó mucho recuperarte.
- Cualquier otra situación, fuera del ámbito deportivo, muy preocupante: divorcio, pérdida del empleo, discusiones familiares…
CÓMO CONTROLAR EL ESTRES PREVIO A UNA LESIÓN
Acabamos de ver que tanto lo personal (personalidad y apoyo social) como lo circunstancial influyen en la aparición de lesiones. La forma de regular el estrés, es, precisamente, controlar ambos aspectos. Al respecto de los factores personales, podemos adquirir y entrenar habilidades de afrontamiento de la siguiente forma:
- Observarse a uno mismo y tomar nota de cuándo nos ponemos nerviosos y por qué. El simple hecho de escribirlo nos va a quitar mucha tensión de encima, y nos va a servir para identificar cuándo estamos tensos. Una vez detectada la causa de nuestro estrés, podemos hacerle frente.
- Plantearse posibles estrategias para combatir el estrés: parada de pensamiento, relajación, distracción (p. ej. contar hacia atrás). Un psicólogo del deporte, asimismo, puede entrenar a un deportista en la adquisición de habilidades de afrontamiento mediante la práctica en imaginación, una técnica muy efectiva que consiste básicamente en ensayar mentalmente las estrategias para hacer frente al estrés.
- Evaluando cómo nos influye el apoyo social: como hemos señalado más arriba, éste es beneficioso siempre y cuando tengas habilidades de afrontamiento. En ausencia de ellas, por el contrario, puede, en algunas personas, aumentar el nivel de estrés, con lo cual resulta más contraproducente. Es decir, si te sientes apoyado socialmente pero no te ves con la capacidad suficiente para encarar una situación difícil, lo vas a pasar mucho peor que si no tienes a nadie detrás pendiente de ti. Es preferible bajar el listón que darte con él en la cabeza.
- Realizando un análisis objetivo de nuestro rendimiento deportivo, con perspectiva, evitando las “montañas rusas”: sentirnos de repente dueños del mundo y al momento siguiente el último mono sólo porque hemos cogido una pájara tras muchos meses de andar a buen nivel. Es posible que dicha pájara se deba a factores ajenos al deporte, o que nos hemos “comido la cabeza” al ver que no íbamos, con lo cual aumentó el nivel de estrés y bajó el nivel deportivo. No quedarnos en una única causa y darla por buena, buscar explicaciones alternativas.
- En definitiva, aprender a detectar y controlar el estrés, desarrollando un estilo de afrontamiento positivo.
miércoles, 22 de junio de 2011
La frustración en el deportista
Una de cada cinco personas sufre depresión en algún momento de su vida. En este porcentaje se incluyen los deportistas, sobre todo, los profesionales. Estar lejos de la familia, no demostrar los sentimientos para no mostrar debilidad o el estrés por la mirada constante de los medios son los principales motivos por los cuales los jugadores pueden caer en estados depresivos. La frustración es un factor muy importante ya que, si no se gestiona de manera adecuada, provoca altos niveles de estrés. Por este motivo, es necesario que desde los primeros años de la vida del deportista se traten estas cuestiones con naturalidad y se enseñe a convertir el error en oportunidad.
Autor: Por NÚRIA LLAVINA RUBIO
- Imagen: americanistadechiapas -
Científicos británicos han explicado hace poco los motivos de la depresión entre los deportistas que compiten en el ámbito profesional. Esta enfermedad no respeta niveles sociales, ni nacionalidades. Los deportistas de alto rendimiento están expuestos incluso más a esta enfermedad, debido a la mirada atenta de los medios o a la sensación constante de tener que rendir al máximo. La presión es tal, que pueden sufrir secuelas psicológicas de estados de estrés o de soledad.
Si bien una rotura o un esguince son lesiones físicas apreciables, la afección psicológica pasa a menudo desapercibida y causa una gran angustia. Ian Maynard, psicólogo del Deporte de la Universidad de Sheffield Hallam (Reino Unido), asegura que los jugadores no están acostumbrados a manifestar sus emociones, ya que consideran que ello podría generarles problemas durante la competición y, por este motivo, tienden a ser cerrados y muestran una imagen dura.
En general, están sometidos a grandes niveles de estrés porque las expectativas que se tiene de ellos superan, con frecuencia, sus capacidades psicológicas. Ellos mismos se plantean metas que, si no las cumplen, provocan un estado de depresión que pocas veces expresan para no mostrar debilidad. Otra de las razones puede ser la soledad derivada de los compromisos deportivos, que les mantiene alejados de sus familias durante largos períodos de tiempo.
El bloqueo, un síntoma
Uno de los principales síntomas de estos problemas es el bloqueo, que provoca que el rendimiento en la competición se reduzca de forma considerable. Montserrat Cascalló, presidenta de la Asociación de Coaching Deportivo de Cataluña, especialista en psicología del deporte y entrenadora de baloncesto, asegura que en estos casos es muy importante diferenciar entre dos conceptos: el bloqueo emocional y el bajo rendimiento en competición.
El papel de los progenitores es transmitir a los hijos que no siempre es posible cumplir los deseos y objetivos, y que ello no es un trauma
El bajo rendimiento en competición se asocia a deportistas que aún no han aprendido a competir, sobre todo, por la incapacidad de mantener la concentración durante las pruebas (estar poco habituados a un entorno diferente) y por el exceso de estrés con el que se vive esta situación. El estrés es un aspecto negativo, ya que "no permite tener precisión en los movimientos, concentrarse para una correcta toma de decisiones ni lograr el grado de activación óptimo para competir", describe la especialista. El entorno que les rodea, como la familia, los medios de comunicación y, en ocasiones, el propio entrenador, aumentan el grado de estrés, que no ayuda a competir en condiciones óptimas.
El bloqueo emocional es más complicado. "Surge cuando una emoción fuerte y negativa, como miedo, rabia o falta de seguridad, ha quedado conectada a una situación", define Cascalló. Entonces, cada vez que el deportista está en una misma circunstancia o similar, siente de nuevo la emoción pasada y eso imposibilita una actuación deportiva normalizada (un ejemplo es perder una competición importante con un árbitro o rival concreto). Para ayudar a la persona a superar esto, el coaching y la psicología del deporte son de gran ayuda.
Aprender con la derrota
La frustración es un estado emocional que puede influir de manera negativa en el deportista, sobre todo, porque también puede provocar un gran estado de estrés. Se desarrolla en algunas personas cuando no se cumple su voluntad, es decir, cuando no pueden alcanzar deseos u objetivos que tenían. Ante el desengaño, la persona no tiene claro si es un obstáculo en su camino o una pérdida irreparable. "Por este motivo, suele manifestarse con rasgos mezclados de emociones más básicas, como son la ira (enfado ante un obstáculo) y la tristeza (decepción por la pérdida)", define la experta.
La frustración en el deporte es un estado habitual. El hecho de competir supone de forma implícita la posibilidad de ganar y perder. Pero para muchos, perder es sinónimo de fracaso, al no lograr el objetivo por el cual tanto se trabaja durante los entrenamientos. Cuando los deportistas son niños, esta emoción puede adquirir una importancia mucho mayor que en adultos, porque "los deseos están aún muy conectados con las necesidades básicas (alimentarse, dormir)", argumenta la especialista. Incluso, se puede llegar a considerar una reacción normal: cumplir con los deseos aporta seguridad y estabilidad, un aspecto fundamental para el desarrollo emocional.
No obstante, esta decepción debe formar parte del desarrollo de todo individuo. Lo esencial no es sobrellevarla, sino experimentarla cuando se desarrolle, como emoción que es, y a continuación, superarla. "Sobrellevar un fracaso es una señal de mal ajuste emocional y causa de malestar e insatisfacción en la persona", asegura Cascalló. En los practicantes jóvenes, la incapacidad de superar contrariedades debido a un bajo nivel de tolerancia provoca malestar y poco disfrute de la experiencia deportiva. A largo plazo, es causa de abandono de la actividad.
Ayudar al pequeño deportista
Según Cascalló, la clave para superar la frustración en la actividad deportiva está en el desarrollo de la inteligencia emocional desde la infancia, que les permita, a su vez, desarrollar aspectos que les ayudarán en muchos ámbitos de la vida. El deporte es un medio idóneo para integrar estos aprendizajes, que también pueden englobarse en el campo laboral, social e, incluso, personal. En personas con un buen nivel de inteligencia emocional, la desilusión puede superarse de forma rápida mediante un análisis de la situación y la decisión sobre cómo reorientar el objetivo no logrado.
Es primordial que uno sea capaz de entender los errores como oportunidades de enseñanza. Una inteligencia emocional poco desarrollada, en cambio, no permite superar la emoción inicial de frustración y la persona acaba por desarrollar conductas agresivo-pasivas que no ayudan ni a mejorar ni a lograr más bienestar. Al contrario, provoca un círculo vicioso de difícil salida. Esta agresividad proviene del sentimiento de ira implícito en el desengaño.
El papel de los progenitores es "transmitir a los hijos que no siempre es posible cumplir los deseos y objetivos, y que ello no es un trauma, sino una situación normal de la que se puede aprender para mejorar y conseguir más satisfacción". Cascalló considera que muchos padres, poco conocedores de la gran importancia que tiene que los hijos aprendan a desarrollar estrategias para afrontar estas emociones, evitan que experimenten ningún tipo de frustración e intentan atender a todos sus deseos o incluso, les esconden la realidad para que no sufran. En cambio, sentencia la experta, la responsabilidad de los padres debería estar en ayudar a sus hijos a desarrollar la tolerancia a la frustración.
DEJAR DE LADO LOS RESULTADOS
Es tarea de los entrenadores deportivos ayudar a desarrollar una buena inteligencia emocional que les anime a progresar en la vertiente deportiva y a gozar del deporte en todas sus facetas. Las adversidades, desde errores a lesiones, forman parte de la actividad y, cuando ocurren, permiten analizar qué hay que hacer diferente para mejorar. "Es importante que el entrenador enseñe al deportista a trabajar en la mejora continua basada en el esfuerzo y los progresos, no en los resultados", recomienda Cascalló. Para ello, es fundamental que entre ambos acuerden objetivos de equipo e individuales.
El entrenador es un modelo y la lectura que haga el deportista del mismo determinará parte de su conducta. "Las reacciones del entrenador ante las derrotas, las decisiones arbitrales e, incluso, los problemas personales, serán los que leerán y aprenderán los jugadores, más allá de sus palabras", explica la especialista.
Fuente: Eroski Consumer
miércoles, 8 de septiembre de 2010
- Bombea tus endorfinas contra el estres.
Una forma de tomar el control del estrés en tu vida es a través de la actividad física.
La actividad física puede aumentar las endorfinas, esto te hará sentir bien y te distraerá de las preocupaciones diarias.
Cualquier forma de ejercicio, ya sean ejercicios aeróbicos o levantamiento de pesas, puede actuar como un calmante para el estrés. Si aún no eres un atleta o incluso si estás completamente fuera de forma, todavía puedes hacer un poco de ejercicio para recorrer un largo camino hacia el control del estrés. Descubre la conexión entre el ejercicio y el alivio del estrés.
El ejercicio aumenta la salud en general y la sensación de bienestar y también tiene algunos beneficios directos anti-estrés.
- Bombea tus endorfinas. La actividad física ayuda a subir la producción de neurotransmisores a tu cerebro, llamadas endorfinas, también conocidas como las hormonas del placer.
- Es la meditación en movimiento. Después de un rápido juego de futbol o varias vueltas en la piscina, a menudo te encontrarás con que te has olvidado de las irritaciones del día y solo te concentraras en los movimientos de tu cuerpo. A medida que empiezas a disminuir con regularidad las tensiones diarias a través del movimiento y la actividad física, es posible que esta concentración, la energía resultante y el optimismo, puedan ayudarte a mantener la calma y la claridad en todo lo que haces.
- Mejora tu estado de ánimo. El ejercicio regular puede aumentar la confianza en ti mismos y reducir los síntomas asociados con la depresión leve y la ansiedad. El ejercicio también puede mejorar el sueño, que es a menudo interrumpido por el estrés, la depresión y la ansiedad. Todo esto puede ayudar a aliviar tus niveles de estrés y darle un sentido de control sobre tu cuerpo y tu vida.
La actividad física puede aumentar las endorfinas, esto te hará sentir bien y te distraerá de las preocupaciones diarias.
Cualquier forma de ejercicio, ya sean ejercicios aeróbicos o levantamiento de pesas, puede actuar como un calmante para el estrés. Si aún no eres un atleta o incluso si estás completamente fuera de forma, todavía puedes hacer un poco de ejercicio para recorrer un largo camino hacia el control del estrés. Descubre la conexión entre el ejercicio y el alivio del estrés.
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- Bombea tus endorfinas. La actividad física ayuda a subir la producción de neurotransmisores a tu cerebro, llamadas endorfinas, también conocidas como las hormonas del placer.
- Es la meditación en movimiento. Después de un rápido juego de futbol o varias vueltas en la piscina, a menudo te encontrarás con que te has olvidado de las irritaciones del día y solo te concentraras en los movimientos de tu cuerpo. A medida que empiezas a disminuir con regularidad las tensiones diarias a través del movimiento y la actividad física, es posible que esta concentración, la energía resultante y el optimismo, puedan ayudarte a mantener la calma y la claridad en todo lo que haces.
- Mejora tu estado de ánimo. El ejercicio regular puede aumentar la confianza en ti mismos y reducir los síntomas asociados con la depresión leve y la ansiedad. El ejercicio también puede mejorar el sueño, que es a menudo interrumpido por el estrés, la depresión y la ansiedad. Todo esto puede ayudar a aliviar tus niveles de estrés y darle un sentido de control sobre tu cuerpo y tu vida.
viernes, 12 de marzo de 2010
La actividad física es una de las herramientas más poderosas para combatir el estrés.

A través de cientos o miles de estudios realizados sobre el estrés, existe un factor común para defendernos de él o prevenirlo y es precisamente a través de fortalecimiento que el ejercicio o actividad física nos brinda.
Bien sabemos que la vida actual nos lleva por un camino directo hacia el estrés, por que su ritmo acelerado y exigencias, son inevitables, por ello es de vital importancia informarnos para tratar de sobrellevarla, priorizando nuestra salud ante todo.
Un ejemplo típico de las consecuencias del estrés en la vida moderna son las molestias en un primer momento que luego se transforman en dolores definidos o puntuales como es el caso particular del cuello o las cervicales parámetro indiscutido de tensiones acumuladas o los desordenes digestivos, como la hiperacidez, característica cuando nuestro sistema nervioso se encuentra en el limite.
Estos simples ejemplos son de carácter físico, a los que se suman o forman parte de lo mismo, los problemas emocionales, donde la ansiedad ocupa un lugar preponderante como marcador del estrés, que al mantenerse en el tiempo deriva en angustias y depresiones que van a desequilibrar todo nuestro sistema para dar paso a diferentes enfermedades.
Esto es un simple resumen de los alcances del estrés que por supuesto van mucho mas allá, de aquí la importancia de prevenirlo o saber como luchar contra él para no llegar a los extremos o la enfermedad en sí.
La actividad física es una de las herramientas más poderosas de las que disponemos para esta lucha cotidiana y fundamental para nuestra salud, según lo avalan cantidad de estudios que hoy se unifican para brindarlo como un veredicto básico para nuestra salud.
Como consejo, no boludee y entrene!!!
lunes, 17 de agosto de 2009
Estres en el deporte

En los últimos años, se ha demostrado que la presencia de niveles elevados de estrés puede provocar que el deportista sea más vulnerable a las lesiones (déficits atencionales, cansancio y agotamiento anticipados, etc.). El presente artículo pretende profundizar en la relación causa-efecto existente entre el estrés y las lesiones deportivas.
¿Qué es el estrés?
Podemos definir estrés como aquella situación donde existen varios estímulos que provocan ansiedad (se mantienen activados constantemente). Suele provocar reacciones psicosomáticas. Se diferencia de la ansiedad en que sus ataques no son tan agudos como los de esta, sino que son de carácter más continuado en el tiempo.
Estrés previo a las lesiones
1. Situaciones estresantes en el deporte
1.1. Generales
· Conflictos familiares: Divorcio, pérdida de un familiar querido, etc.
· Problemas financieros.
· Dificultades cotidianas: Discusión acalorada, perder en una partida de ajedrez, etc.
1.2. Específicas
En el deporte de competición
- Estilo de vida complicado: Los deportistas de alto nivel cambian con frecuencia el lugar de residencia, sus amistades, viajan mucho, por lo que la relación con la familia es algo distante, están sometidos a una férrea disciplina, etc.).
- Entrenamiento deportivo duro: El deportista debe mejorar continuamente, mantener un sobreesfuerzo constante, evaluarse a menudo, etc. J. M. SILVA (1990), utilizó el término "Síndrome del estrés del entrenamiento" para referirse al cuadro de manifestaciones que suelen observarse a partir del sobreentrenamiento (falta de energía y entusiasmo, cansancio casi permanente, aburrimiento, mayor lentitud de reacción, pérdida de precisión, gran dificultad a la hora de detectar y solucionar situaciones de riesgo, etc.).
- Competición deportiva muy exigente:
* La necesidad de tener que adaptarse a unas condiciones específicas, a veces excesivamente estresantes en las que se debe competir (lugar, horarios, temperatura, clima, ruido ambiental, etc.).
* El hecho de estar expuestos a la evaluación permanente de los demás (medios de comunicación, público, familiares, entrenador, compañeros, etc.).
* La excesiva acumulación de competiciones. Como ejemplo de ello, podemos comentar lo sucedido a raíz del Campeonato del Mundo de fútbol celebrado en 2006 en Alemania. Algunos jugadores importantes en el fútbol europeo están sufriendo una crisis en su rendimiento y un considerable número de lesiones durante la temporada 2006/07. Después de una dura temporada con sus clubes (2005/06), se incorporaron, sin apenas descanso, a sus respectivas selecciones nacionales para disputar el mundial, volviendo de nuevo poco después, y una vez concluida su participación en Alemania, a sus equipos para comenzar los entrenamientos y empezar a disputar los partidos de pretemporada. En la mayoría de los casos el rendimiento inicial fue satisfactorio (incluso demasiado bueno para un comienzo de temporada y muy superior al de sus compañeros no internacionales) pero una vez iniciada la Liga, los problemas físicos y las lesiones asolaron a estos jugadores.
* La trascendencia de los resultados (en muchos casos, los deportistas se juegan su trabajo de mucho tiempo, sus futuros contratos o becas, su estatus deportivo, el reconocimiento de los demás e incluso su estima personal)
* La incertidumbre del resultado o del propio rendimiento.
* La necesidad de atender a los medios de comunicación con anterioridad a la competición.
* La obligación de rendir al máximo en todo momento.
* El hecho de tener que superar sensaciones de dolor, cansancio, incomodidad, enfado, preocupación y decepción, que aparecen a menudo durante la competición.
* La necesidad de mantener la concentración apropiada en todo momento.
* La necesidad, en ocasiones, de tener que tomar decisiones trascendentes para el desarrollo de la competición en segundos o décimas de segundo.
* La imposibilidad de controlar multitud de cuestiones, ajenas al deportista, que pueden influir en el propio rendimiento (estado del campo, etc.) o en el resultado final (rendimiento de los rivales, etc.).
En el entorno del ejercicio físico para la salud o el ocio
* La dificultad diaria para la práctica: El sujeto debe buscar un hueco en su horario, desplazarse al lugar de entrenamiento, etc.
* El cumplimiento de las tareas previstas: Que suelen ocasionar dolor y cansancio.
* La presión social de los compañeros de actividad.
* El reto de alcanzar un objetivo determinado de antemano que exige un esfuerzo (en muchas ocasiones excesivo) del sujeto.
2. Variables personales que pueden aumentar o disminuir el potencial estresante
* Historia pasada de lesiones: Tiene un efecto estimulador del potencial estresante de la situación.
* Apoyo social: Numerosos estudios han demostrado, en líneas generales, que en presencia de situaciones estresantes, el apoyo social puede contribuir a reducir el riesgo lesional del deportista.
* Alta motivación de logro deportivo: Según S. Márquez y M. Zubiaur (1989), la motivación es "un término que hace referencia a la intensidad y dirección del comportamiento [...]. Es decir, es una variable que influye directamente en la selección, intensidad y persistencia de una determinada conducta". Es función del entrenador motivar a los deportistas durante períodos determinados de tiempo. Pero la motivación, puede tener tanto un efecto reductor como un efecto estimulador del potencial estresante de la situación, por lo que se deberá tener especial cuidado en este aspecto.
* Ansiedad-rasgo: La ansiedad constituye posiblemente uno de los problemas más discutidos en el campo de la Psicología. S. Márquez (1992) la definió como "un estado especial de agitación y tensión, con reacciones somáticas y psíquicas especiales por anticipación, recuerdo o experimentación actual de situaciones de inseguridad o amenaza, tanto real como imaginaria". Existen cuatro determinantes de la ansiedad ante la competición: ansiedad cognitiva, falta de control de determinantes externos, ansiedad social y sensación de inadecuación. Los eventos positivos estresantes, sólo provocarán niveles perjudiciales de estrés en aquellos deportistas que poseen una tendencia elevada a reaccionar con ansiedad en situaciones estresantes relacionadas con su actividad deportiva, lo que contribuiría a acentuar el carácter amenazante de elementos inherentes a la nueva situación y favorecería la aparición de la respuesta de estrés, incrementando el riesgo de lesiones. Como ejemplo de ello, podemos comentar que la participación en competiciones deportivas durante la infancia y la adolescencia, puede llevar al sujeto a situaciones muy estresantes (S. Márquez y M. Zubiaur, 1991). No todos los niños viven las situaciones competitivas del mismo modo. Para algunos, la competición supone una fuente de cambios conducente a cierto nivel de activación necesaria para la correcta ejecución. Sin embargo, otros jóvenes experimentan ansiedad y diversos efectos negativos ante estas situaciones, pues se ven imbuidos en un estado de sobreexigencia en que el niño busca la victoria ante todo, estando sometidos a una enorme presión ambiental (padres, entrenadores, etc.). La mayoría de los psicólogos del deporte han considerado la ansiedad como estado y como rasgo, es decir, como una variable interviniente y han tratado de modificar los distintos niveles de ansiedad que impedían la ejecución óptima.
- Alta autoestima: Tiene un efecto reductor del potencial estresante de la situación.
- Dureza: Está compuesta de tres elementos:
* Control: Implica la tendencia de la persona a percibir que controla los eventos potencialmente estresantes que suceden en su vida.
* Compromiso: Tendencia a involucrase en aquello que uno hace o que necesariamente tiene que afrontar, en contraposición a eludirlo total o parcialmente.
* Reto: Tendencia a considerar las situaciones potencialmente estresantes como dificultades que pueden ser superadas e incluso a considerarlas como interesantes oportunidades para superarse y hasta para disfrutar intentándolo, en lugar de considerarlas como amenazantes.
* Tendencia al optimismo: Tiene un efecto reductor del potencial estresante de la situación.
* Estilos de afrontamiento del estrés: hay una relación positiva entre el mayor número de recursos de afrontamiento del estrés (estrategias utilizadas para combatir el estrés) y la menor frecuencia de lesiones deportivas.
* Elevada autoconfianza: Tiene un efecto reductor del potencial estresante de la situación.
* Sistema rígido de creencias y actitudes: Tiene un efecto estimulante del potencial estresante de la situación.
3. Relación entre la existencia de estrés y la aparición de lesiones
Se ha demostrado que la presencia de niveles elevados de estrés puede producir efectos perjudiciales que provocan que el deportista sea más vulnerable a las lesiones (déficits atencionales, cansancio y agotamiento anticipados, etc.). Esto es debido a que quizás el estrés puede provocar:
- que el deportista busque la lesión de una forma inconsciente como válvula de escape de la situación de estrés en la que se encuentra sometido.
- déficits atencionales como consecuencia de una activación muy baja. Si el organismo no alcanza el grado de activación necesario para rendir, podrán propiciarse grandes descuidos que lleven irremediablemente a la lesión.
- que los deportistas busquen el control de las situaciones estresantes, propiciando excesos en el entrenamiento que pueden resultar muy perjudiciales.
- la aparición de comportamientos incontrolados agresivos y de riesgo físico que contribuirán a incrementar la probabilidad de las lesiones.
- una sobreactivación que pueda acelerar la aparición del cansancio y agotamiento físico del deportista y que propiciará frecuentemente una distracción atencional que pondrá, a buen seguro, en peligro la integridad del deportista.
- una sobreactivación muscular específica que dificulta la flexibilidad y la coordinación motora, empeorando la calidad de los movimientos corporales involucrados en la actividad deportiva y aumentando, de este modo, la vulnerabilidad de los deportistas a las lesiones.
- una depresión del sistema inmunitario del organismo, que hará que el deportista sea más vulnerable a las lesiones.
- que el deportista combata el estrés laboral o familar mediante la actividad física, lo que puede llevar a situaciones de exceso en su realización que aumenten el riesgo lesional.
- es combatido (el estrés laboral o familiar) mediante la actividad física, por lo que es habitual que se produzcan excesos en su realización que aumenten la vulnerabilidad a las lesiones.
Existen diversos estudios que han investigado la relación entre el estrés y las lesiones deportivas:
G. KERR y H. MINDEN (1988)
Evaluaron la presencia de eventos vitales estresantes y la proximidad de la competición con gimnastas olímpicas y promesa de Canadá y lo relacionaron con la aparición de lesiones y con el tiempo de recuperación.
Llegaron a la conclusión de que casi la mitad de las gimnastas que se lesionaban, lo hacían durante la semana anterior a la competición, y el 40% de ellas se producían el mismo día de la competición (pocas horas antes de comenzar). En presencia de situaciones vitales estresantes, las lesiones eran más numerosas y graves, siendo además su tiempo de recuperación mucho mayor.
La suma de situaciones estresantes (acontecimientos vitales y competición deportiva) puede aumentar todavía más el riesgo de lesiones.
T. A. PETRIE (1993)
Realizó dos investigaciones con muestras elevadas de jugadores de fútbol americano universitarios. Diferenció entre jugadores titulares y jugadores suplentes y observó la posible influencia de los estímulos estresantes característicos de ambos (mayor exposición a ser evaluados, mayor responsabilidad, etc. en los titulares y mayor incertidumbre, falta de confianza, etc. en los suplentes).
Primera investigación (1993): Observó una relación entre la presencia de estímulos positivos vitales relacionados con la actividad del deportista (alcanzar la titularidad, ser más seguido por los medios de comunicación, tener un puesto de responsabilidad en el equipo, etc.) y la aparición de lesiones. Estos cambios vitales positivos pueden llegar a ser estresantes (puede propiciar mayor vulnerabilidad al estrés y, del mismo modo, a las lesiones), debido a la novedad que suponen y, por lo tanto, a la necesidad de adaptación que conllevan.
Segunda investigación (1993): El mayor número de lesiones y el tiempo perdido por estas se relacionó con la presencia de estímulos negativos vitales (muerte de un familiar, etc.). En ambos estudios, los resultados fueron significativos únicamente en el caso de los jugadores titulares, pero no en el de los suplentes.
Con ambos estudios llegó a la conclusión de que todos los cambios vitales (y no sólo los negativos) pueden ser estresantes y por lo tanto perjudiciales para el deportista.
4. Evaluación del estrés previo a las lesiones
Como ya ha quedado reflejado anteriormente, el estrés parece aumentar la vulnerabilidad a las lesiones. Por ello es conveniente evaluar la situación en la que se encuentran los deportistas antes de lesionarse, de tal modo que se puedan adoptar las medidas preventivas cuando sea necesario.
La evaluación puede realizarse mediante diversos procedimientos: entrevista, cuestionario, observación, auto-observación, registros psicofisiológicos, etc. Lo ideal es la combinación de diferentes métodos, para obtener un resultado más objetivo.
Será interesante evaluar:
Estrategias de las que dispone el deportista para controlar las manifestaciones del estrés y sus consecuencias perjudiciales:
Es interesante la utilización de la entrevista, la observación, la auto-observación y algunos cuestionarios para comprobar cuáles son los mecanismos del deportista para hacer frente al estrés (¿domina técnicas de relajación?, ¿utiliza técnicas adecuadas para centrar la atención?, etc.).
Recursos y posibilidades disponibles para poder intervenir en cada uno de los niveles anteriores:
También es interesante la utilización de la entrevista, la observación, la auto-observación y algunos cuestionarios para evaluar cuáles son los recursos y las posibilidades para la intervención (¿tiene lugar para practicar?, ¿qué disposición tiene?, ¿están dispuestos a colaborar con los padres y/o con el equipo médico?, etc.).
Manifestaciones y consecuencias concretas de estrés:
Existen diversos cuestionarios para detectar las posibles manifestaciones del estrés:
Symptom Checklist-90 (S.C.L.-90) (L. R. DEROGATIS, 1975): Pretende detectar la presencia de posibles desajustes emocionales, como son los síntomas de hostilidad, depresión, ansiedad fóbica, hipersensibilidad interpersonal, ansiedad somática, ansiedad general.
Otra forma de recoger información es a través de cuestionarios de ansiedad, depresión o estado de ánimo y utilizar escalas de ansiedad-estado.
A raíz de la obtención de datos mediante la utilización de alguno de estos u otros instrumentos, será conveniente realizar un análisis funcional de cada caso concreto. Para ello deberemos:
Definir cuáles son las manifestaciones concretas del estrés (síntomas fisiológicos, pensamientos, etc.).
Identificar las situaciones previas en las que se producen estas manifestaciones (en presencia de qué personas, en qué momentos o lugares, ante qué responsabilidades de rendimiento, etc.).
Observar sus consecuencias relevantes (positivas y negativas).
Situaciones potencialmente estresantes:
Será interesante evaluar:
Las situaciones ajenas al entrenamiento y la competición, que pueden ser estresantes.
Las demandas del entrenamiento deportivo.
Las demandas de la competición deportiva.
Las situaciones asociadas a lesiones anteriores.
Apariciones en público y medios de comunicación.
Existen diversos cuestionarios para detectar las situaciones favorecedoras del estrés:
Cuestionarios específicos de la práctica deportiva:
Intentarán detectar la presencia de acontecimientos potencialmente estresantes relacionados con la práctica deportiva. Los más destacados son los siguientes:
El Athletic Life Experience Survey (A.L.E.S.).(S. J. HANSON y otros, 1992).
Life Events Survey for Collegiate Athletes (L.E.S.C.A.). (T. A. PETRIE, 1993).
Cuestionario sobre el Historial Deportivo (C.H.D.). (P. DÍAZ y otros, 1995).
Cuestionarios ajenos a la práctica deportiva:
Observan los sucesos vitales mayores diarios. Son útiles para una evaluación más completa. Los más destacados son los siguientes:
Cuestionario de Sucesos Vitales (C.S.V.) (B. SANDÍN y P. CHOROT, 1987).
Cuestionario de Eventos Diarios (C.E.D.) (M. A. SANTED y otros, 1991).
Variables personales de especial importancia:
Existen diversos cuestionarios e instrumentos para evaluar variables personales que se consideran relevantes a la hora de aumentar o amortiguar el potencial amenazante de las situaciones estresantes:
Support Functions Questionnaire (S.F.Q.) (C. J. HARDY y otros, 1991): Evalúa el apoyo social.
Health Locus of Control Questionnaire (H.L.C.Q.) (J. L. DUDA y otros, 1989): Evalúa el locus de control.
Ways of Coping Checklist (Adaptación al contexto deportivo) (P. R. E. CROCKER, 1992): Evalúa los estilos de afrontamiento de los deportistas.
Cognitive Hardiness Inventory (Adaptación al contexto deportivo) (C.H.I.) (J. D. GOSS, 1994): Evalúa el patrón de conducta "dureza".
La información obtenida a través de estos cuestionarios, puede ser completada mediante procedimientos de auto-observación y entrevistas con el deportista, sus entrenadores y familiares:
Cuestionario de características Psicológicas relacionadas con el Rendimiento (C.P.R.D.) (J. M. BUCETA y otros, 1994): Evalúa la presencia de situaciones estresantes relacionadas con el entrenamiento y la competición, y la existencia de determinados recursos y habilidades para controlarlas.
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Fuente: http://www.efdeportes.com/efd110/el-estres-y-las-lesiones-deportivas.htm
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